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Sobre la locuacidad
...cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que tu silencio.
4 de junio de 2015
3 de junio de 2015
Una molesta fisura en el ánimo
...hace una mañana de gris aburrido
que tumba cualquier atisbo de emoción a raudales.
...hasta los vientos del despabilo se han escondido
tras los brazos cruzados
mientras me preocupo de sacar los pies de la cama.
...suena en la radio la monocorde cantinela
de los políticos defraudadores
prometiendo que ellos no han sido
y que no lo volverán a hacer más.
...pasa bajo mi balcón un despistado trasnochador
buscando a gritos por soleares
el escalón perdido de su regreso a casa.
...las predicciones meteorológicas
prometen una jornada soleada y calurosa
mientras pienso si acaso habré despertado
en cualquier otro día de mi existencia.
...nada concuerda con la realidad palpable
que se le supone a los asuntos cotidianos.
...el cartero lleva media hora tocando
todos los pulsadores del portero automático
y nadie le echa cuenta
porque nadie espera carta
que no sea del banco o propaganda furibunda.
...el fregadero está repleto de recipientes vacíos
esperando un lustre que se resiste
y las hormigas están acabando
con todos los rastros
que se desparramaron anoche
como si fuera la última cosa que deberían hacer.
Menos mal que tengo la suerte de saber
que pronto acudiré a la cita
con mi esperanza habitable,
la que tensa las sábanas de mi catre,
la que me refugia entre sus brazos,
la que me abre las puertas
del albedrío
sin pedirme, primero,
que le enseñe la patita por debajo del resquicio.
Me imagino que la gama de colores
reflejados en mis ojos
también se dispondrán debidamente
sobre la paleta gentil de los inventos
y que ahora, seguramente,
todos los candiles del horizonte
lucirán sus mejores galas para recibirme.
Espero que durante el camino
hasta los sueños con posibilidades
se restaure la triste amanecida
con la que empecé a vivir hoy
y que ya dejo por detrás,
para que así el resto de la humanidad
pueda disfrutar un poco de la alegría
que nos corresponde por derecho
y que casi me cargo
con la infección de mis percepciones.
No pasa nada,
es tan solo una fisura en mi ánimo.
Manuel Silván
30/5/2015
22 de mayo de 2015
Esta mañana
Esta mañana
vengo a regalarte una luz nueva
para que veas
las cosas de otra manera,
para que no tropieces otra vez
con la misma piedra
para que seas como quieras
cuando y donde te apetezca.
Esta mañana
te voy a plagiar los sueños
para hacerte feliz
cuando te olvides de vivirlos,
para poner la poesía
al alcance de tus manos
en los trances de melancolía.
Esta mañana
voy a corregirte la plana
para ver si has aprendido bien
mis palabras,
para que no te acostumbres
a borrarlas como si nada,
porque te sabes las sonrisas
de memoria pero no guardarlas.
Esta mañana
te traigo el mapa del olvido
para que no te pierdas
por el camino,
para que no te disuadan
las malas hierbas,
para que te acuerdes de saltarlas
cuando se te enreden en los pies.
Esta mañana
te voy a regalar música de mayo
que me sale gratis
del pentagrama de los silencios,
también he traído
mis lágrimas, todavía calientes,
de mis desvelos de anoche.
Te las regalo
porque a mí me ayudaron
a regatear las dunas de hormigón
y sé que te vendrán bien.
Esta mañana
he invitado a la brisa de mayo
para que te abanique
mientras te despiertes el alma,
para que dibujes
con colores nuevos
la tela blanca de tu almohada,
para que te limpies los besos,
para que te acicales la mirada,
para que te pongas guapa
y salgas conmigo de paseo.
Esta mañana
quiero que seas valiente y callada,
quiero verte lucir los mechones,
que ilustres tus deseos
con perfiles claros como el agua,
que te dejes de borrones
porque sucia y fea, no se baila.
Esta mañana
te regalo mi copa de cristal
para que te bebas la vida,
para que te mires en ella reflejada
cuando no tengas nada que hacer,
para que no te olvides de mi
cuando me vaya,
para que te acuerdes de esperarme
con la piel perfumada de ti,
para que aplaudas mis rimas
que, por ahí te dejo colgadas.
Esta mañana
es una mañana muy importante,
es el principio de mañana,
para regalarte más cosas.
Te las traigo desde mi locura,
para templar la tuya.
Esta mañana es muy hermosa,
no te olvides de disfrutarla.
Manuel Silván
22/5/2015
18 de mayo de 2015
Pasa...lo que pasa.
Porque nunca te cansas
de mirar para fuera,
porque jamás dices basta
cuando ya nadie te escucha,
porque gritas más de lo debes
en vez de callarte más de lo que puedes,
porque siempre eres tú y nunca los demás,
porque jamás te has puesto en su lugar,
porque juzgas más que aciertas,
porque no admites que te juzguen,
porque a veces calientas el hielo
para ver lo que tiene dentro,
porque desconfías de tu sombra
cuando adviertes que te sigue,
porque cruzas la línea roja maldita
más veces de la cuenta,
porque te niegas el sueño
para que no te roben las manías,
porque cada mañana cuando despiertas
lo primero que ves te asusta,
porque los sustos de cada día
se te volvieron costumbre,
porque disfrazas tus necesidades
de falsa humildad damnificada,
porque tu humildad no está actualizada,
porque cuando amas
te afloran referencias del pasado,
porque las preguntas sólo las haces tú,
porque solo tú has sido victima
de todas las invasiones,
porque has perdido el apetito
de amar sin objeciones,
porque todas las ofensas
tienen residencia en tu corazón,
porque no confías ni en dios ni en nadie,
porque la perfección eres tú
y los demás estamos equivocados,
porque pedir ayuda hiere tu orgullo,
porque quieres ser más fuerte que antes,
porque necesitas ganar todas las batallas,
porque solo tú acumulas cansancio
pero nunca te fatigas demasiado,
porque a cada momento que pasa
te llega el hartazgo hasta la coronilla,
hartazgo de todo y por todo,
porque son tantas las cosas que te pasan
que no tienes tiempo de pasar de la cosas,
porque que sufres tanto sin necesidad,
porque la necesidad te hace sufrir,
porque no soportas las manos tendidas,
ni las manos alzadas, ni las cerradas,
ni las abiertas, ni las unidas,
porque no soportas las manos de nadie
ni que nadie tome las tuyas,
porque no sabes usar las manos
para curarte las heridas,
porque siempre las tienes abiertas,
sangrantes y doloridas,
porque así, como lo tienes planteado
jamás podrás disfrutar de la vida.
Tienes tanto trabajo por hacer
que casi no podrás llegar a tiempo.
Quizás sea mejor darte la vuelta,
para sepultar en el pasado
tu maldita locura
y rellenar los pasos huecos
que se te han perdido.
Volver a caminar sin valija
ni aflicciones, trabado el amor
y sorbiendo besos frescos,
cada poco a poco, hasta el rubor.
Sólo así te brillaran los ojos
cuando te sorprenda el amanecer
y tu vida tenga la fuerza y el calor
que ahora le niegas.
Manuel Silván - 18/5/2015
14 de mayo de 2015
A veces, tan solo a veces
A veces, cuando se nubla la memoria
y los recuerdos se sujetan en el tiempo,
tan frágiles como remisos, tan yermos,
tan cansados como ausentes,
volátiles e incluso amargos en la insinuación…
a veces, digo, no podemos evitar
la frívola intención
de volver sobre nuestros pasos
para recorrer de nuevo aquella senda que,
ahora se nos antoja filántropa y recurrente.
Es como si hubiese aparecido
por arte de magia
la solución a nuestras tribulaciones.
Como si una comezón en las entrañas
nos invitara a comer de la fruta prohibida que,
alguna vez tuvimos en las manos.
A veces, digo y solo a veces,
no se recupera la memoria oportuna
por mucho que inquiramos
en los anaqueles del pasado,
ni siquiera logramos acercarnos a las lindes
de aquel paraíso deshabilitado por el tiempo.
Como último recurso
para superar el trance de la nostalgia inoportuna,
solo nos queda sorber resignadamente
las lágrimas amargas
que tan gentiles se desbordan de nuestras cuencas.
Ni siquiera el recuerdo
de que aquellos de la juventud, ya intransitable,
acudirán solícitos a nuestro consuelo.
Cada vez tardan más
en volver a regalarnos sus frescura,
sus desvelos, aquellas carreras disparatadas
por lo pliegues prohibidos de la piel ajena,
el silencio en las miradas mágicas,
ni la grácil brisa de colores que nos regalaba
el crepúsculo rojizo bajo las lomas del Conquero.
A veces, ya no sabemos casi nada de nosotros,
ni del tiempo que transcurre
hasta la próxima vez que lloramos
o nos atragantamos con las palabras
que nunca dijimos porque no era el momento adecuado.
A veces, nos parecemos a la persona
que nos imaginábamos de mayor
pero, solo a veces, nos reconocemos en ella
y es entonces cuando se apaga
la luz de la memoria
para consolarnos la soledad propia
de tanta vida vivida
entre los tiempos de
antes y los de ahora.
Tanta que, a veces, ya ni nos acordamos
y empezamos a ponernos tristes.
Total, para nada, no sirve para nada.
Solo merece la pena seguir viviendo
y dejar el pasado para cuando salgamos de aquí.
Manuel Silván
6/5/2015
22 de abril de 2015
21 de abril de 2015
SECORF'2015
CREACIONES DEL CONQUERO
se complace en invitarle al
6º SALÓN DE ENCUENTRO COMERCIAL, ROCIERO
Y FLAMENCO DE HUELVA 2015
que tendrá lugar durante los días del 24 al 26 de Abril en La Casa Colón de Huelva,
organizado por la REAL HERMANDAD DE EMIGRANTES de Nra. Sra. del Rocío
donde los artistas
en colaboración exclusiva presentarán sus obras en el Stand
"...mi arte en ABANICOS"
así como la presentación especial del libro "La Leyenda del Lirio Blanco", telas decoradas a mano y bisutería artesanal.
Cabe destacar que ambos, atesoran un amplio bagaje cultural y experiencia mas que suficiente para deleitarnos con cualesquiera de sus trabajos, habiendo cosechado multitud de distinciones a lo largo de sus respectivas carreras artísticas, jalonadas por el reconocimiento de la crítica especializada, el asentimiento de todos los públicos que pudieron comprobar el magisterio y las facultades técnicas de las que hacen gala, sus inagotables fuentes de inspiración y una creatividad fuera de toda normalidad.
¡¡Una exposición que no pueden perderse
por su originalidad y excelencia!!
por su originalidad y excelencia!!
12 de abril de 2015
Cuando me perdí en tí
Algunas pocas caricias habían bastado
para destapar el vargueño
de tu íntima y secreta feminidad.
El terciopelo de tu piel se erizaba
por donde zancajeaban mis dedos
buscando huecos de pasión
escondidos entre sus plises rosados
y destellaban tus ojos semicerrados
mientras susurrabas a media voz
gemIdos tibios y acogedores.
La cabeza dulcemente reposada
en la tersa redondez de tus hombros,
los pechos recogidos bajo la prenda
cómplice de tus manos febriles,
la danza liviana de tus caderas
sobre el vaivén de los muslos firmes
y un imperceptible aturdimiento
que coloreaba tus pómulos cándidos
sembraron en mí la duda razonable
sobre la subsistencia de la cordura
que hasta entonces me gobernaba.
Desde aquel sublime instante
se inhibieron los recatos y las cobardías
hasta que, derretido mi cerebro
de tanto gozo y ventura
vinieron a rescatarme las luces del alba.
Para entonces ya era tarde,
se habían extraviado mis sentidos
y ni siquiera sabía dónde estaba,
si en la gloria o en los sueños.
Sólo escuchaba, redundando con levedad,
la complaciente melodía que sonaba
como un rumor de ángeles embobados,
musitando: …te amo, te amo, te amo.
Manuel Silván
12/4/2015
9 de abril de 2015
¿Quien hablará por mi?
Cuando se me apague la voz
y los ojos se retuerzan en sus
cuencas vacías buscando la rendija diurna donde asomarse,
¿quién hablará por mí?.
Cuando falten a diana las fuerzas casi desgastadas que aún
me asisten
y los fervores que me cobijaron por la noche para calentarme las
esperanzas,
¿quién hablará por mí?.
Ahora que aún me doy cuenta de las cosas banales
para no
prestar al desahogo de la vida más importancia que la debida,
ahora que los
hijos todavía siguen sin beber las palabras
que de mi precaria sabiduría dimana
con objeto de subsistir un poco mejor,
ahora que todavía no me doy miedo,
ni me
avergüenzo de haber sobrevivido a tantos errores franqueados,
ni llevo puesto al
día el registro de mis arrugas conquistadas…
ahora es cuando me pregunto,
¿quién hablará
por mí cuando me vaya?.
Se quedaran atrás, habitando el olvido,
tantas vicisitudes
como muescas envuelven mi corazón
ahora que todavía sigue latiendo y hasta que
su hálito diga hasta aquí hemos llegado.
Dejarán de existir los amores habitantes de la memoria ufana
y los que aún se regodean en las praderas de la felicidad cotidiana,
aquellas
tribulaciones para mantenerlos con vida tanto como fuera posible
y esos otros
que pasaron de puntillas rozando la inmoralidad
pero que también sirvieron para
mantener la forma y la razón de ser.
Tampoco servirá para justificarme, por ignorados,
los
ímprobos esfuerzos para mantener el caldero con guisado
y la gabela obligada
para el sustento de la prole.
Si no voy a ser capaz de hacerlo
¿quién hablará
por mí?.
Cuando tenga que decir todas las verdades
que nunca fui capaz
de soltarle a la cara de mis arrogantes adversarios
y no pueda decir ni esta
palabra es mía aunque jamás la dijera
¿quién hablará por mí?.
Quizás mi última compañera de vida,
si es que aún me reserva
el destino la suerte de disponerla junto a mi lecho,
quizás digo y deseo que
levantase la voz mía extinguida
para decir tantas cosas propias confiadas a su
esmero
como no fui capaz de hacerlo yo cuando debía,
más que nada, por dejar dicho
que había pasado por aquí este bardo,
alquimista de las palabras, leal y fiel servidor
del ingenio, medio loco de amor,
incansable golondrino de colores, adorador de
sueños imposibles,
tránsfuga de las horas, algo chinche, crápula e insolente…
Por poner fin,
hoy me ha dado por pensar que cuando yo no
pueda
¿quién hablará por mí?.
Manuel Silván
9/4/2015
25 de marzo de 2015
Con sello y firma
En esta mañana sucinta de
primavera cuando ya se han retirado hasta luego los letargos de la pernocta, no
celebramos nada en especial pero todavía me duelen las pestañas de recogerme
las lágrimas emocionadas que se me saltaron ayer.
Sé cuánto te gustan las
pasadas rasantes sobre las emociones que desprenden nuestros corazones cuando
vuelan a unísono y dejan atrás las plazas abarrotadas, los salones recargados
de collares falsificados, las palabras groseras de cualquier infradotado con
aires de capitán artificial, los malos amores que dejaron heridas profundas en
vez de huellas indelebles, los claroscuros de la memoria en otoño vital, las
mareas lánguidas de aquella juventud lejana y sorda que apaga sus colores cada
vez más a menudo.
Sé cuánto gustas de tomarme
las manos y llevártelas entre tus pechos serenos para soñar con aspiraciones de
amor eterno, mirando mis ojos desde tu altura de mujer inmensa para sembrarme
de lágrimas dulces una felicidad tan honda como el suspiro que la acompaña.
Ya sabes que yo nunca falto a
la cita de nuestros silencios y que jamás recito poesías cuando estoy haciendo
los deberes para sabio, ni cuando estoy alimentándome de palabras para
dedicártelas cuando hayan hecho la digestión.
Ya sabes que me seduce
sorprenderte recogiendo flores de papel o cazando vientos de colores con tus
abanicos mágicos, también me reconforta la melodía de tu voz susurrándome que
escriba pronto la crónica de nuestras vidas no sea que se me olvide.
Me ha costado mucho
imaginarme, a éstas alturas de mi vida, un paseo de novios pelando la pava como
cuando estábamos en Babia, cogiditos de las manos templadas por la ternura, sin
destino a propósito ni siquiera algún propósito como destino, solamente
teniéndonos a media en su riqueza y delectación.
En esta mañana conclusiva del
otoño, cuando todavía se arremolinan algunas hojas del calendario sobre las
aceras húmedas, sólo recuerdo que ayer encontramos en nosotros mismos la equivalencia
biográfica de los amores de Juan Ramón y Zenobia, el caleidoscopio de sus
inquietudes tan similares, incluso en el regusto por el verbo y la utopía, el
silencio, la hermosura de las cosas sencillas y el amor inmenso.
Retales históricos y verdaderos
vinieron a visitar nuestra estancia sublime aquí en la tierra, decoraron el
paisaje de nuestras esperanzas mientras te divertías con las palomitas de maíz
y yo tejiendo versos en la memoria con tu mata de pelo. Más de una lágrima de
nostalgia y algún que otro suspiro también dedicaron sus pleitesías para
enajenarnos la prudencia.
En esta mañana de entreotoño
primaveral, lo primero que he advertido, con la emoción de un adolescente que
aprobó todo el curso de golpe, que uno de mis dedos lucía el sello y la firma
de tanta felicidad que me regalaste, mirándome desde abajo en mi delirio hasta
arriba en tu altura de mujer inmensa, para concederme la merced de albergar mi
corazón junto al tuyo sin pedirle permiso a nadie más que a tu conciencia. Fue
obra tuya que yo también hiciese mía, bendita la hora que Dios iluminó.
También recuerdo que nuestra
privacidad contaba con algunos curiosos paseantes que, pasmados por la
sorpresa, aplaudieron enfervorecidos el final de la escena primera del acto
primero de la primera obra que escribimos juntos y que se representaba
espontáneamente en una plazoleta cualquiera de Huelva, una tarde plomiza de
Marzo con la luz dentro del tiempo, cuando se avistaban las primeras
golondrinas que regresaban buscando de nuevo el calor de su hogar.
Todo sucedió después de que
nos advirtieran muy severamente que las promesas de amor, siempre se pagan,
tarde o temprano y que no vale con imaginarnos la vida del uno sin la del otro
para compensar su olvido, ni olvidarse de la vida para poder pagar las promesas
antes de su vencimiento, si puede ser mejor.
Así pues, amaneció esta mañana
sucinta de primavera reluciendo el amor entre mis dedos, firmado y sellado no
sea que se me olvide, con tanta locura de por medio.
24 de marzo de 2015
Aflicción
Me ha despertado tu llanto.
Un grito dolorido de ausencias que me cercenó el manojo de
sueños que venía hilvanado desde hace tiempo.
Me ha despertado un sobresalto en la memoria de los
convenios sazonados al calor de nuestra alcoba, templada de besos íntimos desde
el más adentro todavía.
He sentido la mordaza implacable del terror infligido por
quien rompe a escondidas los cristales de nuestra esperanza, el infame verdugo
de las maldiciones enconadas, ese que le habla de tú al destino y no cesa en su
empeño de robarte la sonrisa y el ánimo.
Se me ha desbordado sobre la almohada el caudal de tus
lágrimas más amargas, arrastrando consigo una amalgama de inmundicias que han
taponado todas las salidas previstas para estos casos de maldiciones
empecinadas.
Cuando soplan estos vientos desesperados se me rebelan las
palabras para definir mis emociones y se me olvidan las direcciones secretas de
mis musas veneradas.
Me fustigan el corazón enamorado aquellas tropelías que usan
los cobardes cuando salen a pasear los días menos esperados, cuando se les
rompe el culo de estarse quieto dentro de su infamia y buscan afanosos
lacerarnos la paciencia y la fortuna.
El diablo anda suelto y pide a gritos carnaza fresca para
desayunar.
Está revuelto con sus pelos pringosos y un porro de venganza
entre los labios, está buscando clavarse en la paz que hemos construido en su
memoria para vacunarnos contra el desespero y hacerle un hueco definitivo en el
trastero de los olvidos.
Tengo la sensación de que se te han abierto las heridas y
por eso me han llamado esta noche los arcángeles que velan nuestro paraíso.
Por el tono de sus recados he advertido que los brotes
nuevos que ya se abren para nuestra primavera están sufriendo un duro castigo y
amenazan con caerse al vacío del desencanto.
No podemos permitir que se derrame por ahí la savia nueva
que riega nuestras vidas para emocionarnos los corazones sembrados al cobijo de
un amor tan sólido y oportuno como exigen las normas más convenientes.
Ahora mismo salgo a tu encuentro no sea que los bandidos de
la memoria ultrajada se apoderen de nuestro baluarte aprovechando la mínima
flaqueza de tu sonrisa. Para eso estamos alerta el uno y el otro, por si acaso
se quedase alguna puntada suelta en el albedrío de las pasiones cotidianas.
No desesperes, amor que ya tengo mi acero dispuesto para
cercenar la mano disoluta que se te ha trabado entre los silencios, amenazando
tormenta fuera de temporada.
No desesperes, princesa y resiste un poco tus lágrimas que
voy a necesitarlas todas, para refrescarme el amor que alberga en mi alma,
cuando haya liquidado el peligro que nos acecha.
M.Silván
24/3/2015















